Los que siempre andamos con prisas (bien sea porque nos cierran el supermercado, o porque hemos quedado a las 7 en la otra punta de la ciudad y son las 7:20, etc.) nos perdemos muchas cosas. Unas no las vemos, y en otras no reparamos lo suficiente.
Algo así podría decirse del caso que nos ocupa, puesto que yo por el BEC había pasado ya,
pero se ve que no me había fijado bien…. hasta el otro día, en el que iba yo acelerá perdía por la calle, pensando que me cerraban las tiendas, cuando… levanté la vista y… Joé, tuve que pararme un rato y todo porque no podía creer lo que veía.
Ante mí, el “famoso” edificio del BEC (que no me gusta nada, por cierto). Y en su torre… rodeándola… a modo de “barandilla” de esas prolongaciones a modo de terraza con suelo de rejilla que hacen ahora… eran… ¡Dios!, que me lo confirme Xrasl pero… lo que rodea por los cuatro lados la torre son… ¡quitamiedos!.
Tal vez una de las cosas que más me guste de la arquitectura es su capacidad para asombrarme. Sí, vale… soy fácilmente impresionable… pero ya sabéis que ése no es mi peor defecto
PD: aprovecho la ocasión para dar mi apoyo al señor Calatrava (y ser la única ciudadana aquí que lo hace tiene mucho mérito, oiga). A veces tengo la sensación de que el arte está en manos de borricos adinerados.




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